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Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Desde la altura, la vista recorre un paisaje plano surcado por zonas agrietadas. Predomina el color blanco no impoluto, algunos manchones rosados, otros grises y cada tanto unas líneas rectas negras que parecen poner límites a una inmensidad desconcertante. Un sonido mecánico de fondo es atravesado por una voz robótica que emite un idioma indescifrable. El subtitulado orienta: “Altitud 3.965 metros. Superficie: 289.481 hectáreas. Coordenadas listas para perforación y bombeo: 390 metros de profundidad”.
Parece el comienzo de una película de ciencia ficción. Pero está sucediendo.
La voz metálica decodifica con rigurosidad todo lo registrado por ese ojo enorme que monitorea la superficie del misterio. El relato reconoce y adjetiva: “cerros sagrados” y se aleja de lo meramente descriptivo. El video Audiencia de espectros dura once minutos con once segundos y es parte de la muestra de Florencia Levy, artista visual, docente, directora del Centro de Arte y Ciencia de la Escuela de Arte y Patrimonio de UNSAM, donde también codirige la Licenciatura en Prácticas Artísticas Contemporáneas. Lo curioso: el video es aterrador y es poético; es apocalíptico y también enciende entusiasmo. El ingenio artístico de Florencia traduce el espanto que el sistema succionador capitalista descarga en la zona norteña argentina con la extracción a cielo abierto del cotizado metal: el litio. El mineral que abunda y daña. Un tesoro escondido a cientos de metros de profundidad que desde hace unos años desató en la Puna la ¿inevitable? fiebre del litio.
De color blanco plateado, blando, tan ligero que flota en el agua y se puede cortar con un cuchillo, el litio es el tercer elemento de la tabla periódica, después del hidrógeno y el helio y antes del berilio. Según la ciencia, es uno de los primeros elementos químicos en formarse en el Big Bang, la explosión que dio inicio al universo. Por eso el título de la muestra es Tercer Atómico Espectral (que se presentó en una galería de San Telmo en 2025 y espera fecha para volver a ser exhibida).
Cuenta Florencia a MU: “Tomo al litio en su doble condición de residuo cósmico y recurso estratégico”. Este trabajo es parte de una investigación que lleva diez años e incluyó estudio, escritura y viajes. El guion del video, que es la pieza fundamental de la muestra, fue escrito a partir del trabajo de campo. “Escribí este texto que contiene información y datos duros, pero a la vez mezcla poesía y mitos. La realidad, la ficción y sobre todo un pensamiento especulativo a partir de esta problemática específica que implica toda una geopolítica inmensa. El arte arma un aparato de percepción que te puede llevar a otros lugares y a otro tipo de imaginación”.
¿En qué parte del recorrido aparece lo siniestro? “Se presenta al litio como una energía limpia y blanca pero su extracción es opaca y oscura porque implica violentar territorios, pueblos ancestrales y contaminar el agua”. En el viaje a la Puna, que Florencia realizó el año pasado, tomó contacto con una realidad cruda en relación al nivel del perjuicio que sufre el territorio y quienes lo habitan. Dos millones de litros de agua se utilizan para producir una tonelada de carbonato de litio. “Es un ecosistema desértico frágil donde no sobra el agua. Se extrae de las napas subterráneas y se le quita a las personas y a los animales”.
Recorrió Catamarca, Salta y Jujuy. La muestra pone el foco en el Salar de Olaroz, uno de los más grandes del mundo, ubicado en Jujuy a 4000 metros de altura. El método utilizado para la extracción es la evaporación: se perfora el salar a más de 400 metros de profundidad, se saca la salmuera de litio, se la lleva a los piletones y en un proceso de 8 a 12 meses, al calor del sol se produce la evaporación. Así se obtiene el carbonato de litio que luego es trasladado a China y a Corea del Sur para hacer mayoritariamente baterías de autos y de celulares. La Argentina es el tercer país con más reservas de litio y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), creado por la Ley 27.742 en 2024 es la garantía para que las empresas extranjeras traigan matracas y serpentinas.
El “oro blanco”, de importancia vital en la actual tecnología, se encuentra en los suelos del norte argentino, sur de Bolivia y norte de Chile, en lo que se denomina el “triángulo del litio”, zona en la que está puesta la mirada de las grandes potencias para llevarse la mejor tajada.

Tierras raras

Cuatro cuadros mezclan tonos blanquecinos con verde y terracota, uno con un color salmón en degradé y otro con distintos tonos de verde. A primera vista parece ser arte abstracto. Ahí emerge la segunda lectura que propone el quehacer artístico de Florencia. Hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Se titula “Coreografía de espectros” y parte de imágenes satelitales del salar Cuenca de Olaroz. Las rayas oscuras que atraviesan la imagen (y también se ven en el video) son las rutas que recorren incesantemente los camiones y los cuadrados son los pozos de extracción del litio donde se hunde “el filo en un gesto que atraviesa siglos de sal”, tal como lo describe esa voz distorsionada del video.
Explica Florencia que esas imágenes satelitales en la práctica sirven para diagramar y encontrar minerales en el territorio y desarrollar sistemas de extracción. La particularidad de estos cuadros es que están hechos con costra del salar traída de una mina abandonada, mezclada con acrílico y óleo. “Lo que hice fue disolverlo, hacerlo polvo. Son piedras muy duras y con muchas capas, primero pigmento y agua y fui mezclando estas sales. Lo que hago es conectar esas imágenes representacionales con lo real y darle una densidad que te acerca más que a la representación de un territorio, a entender la materialidad misma de ese lugar”.
Cincuenta y seis cuadraditos unidos, de un verde nacarado, atravesados por unas manchas ocres forman “Cadena mineral”, una pieza de singular belleza. Está hecha de cerámica esmaltada con lustre de plata. Fue realizada a escala real del Cerebras WSE-3, el chip de inteligencia artificial más grande del mundo. “Mide 21,5 x 21.5 cm y en realidad es de silicio, pero el litio entra en esa cadena material. Es un chip que se utiliza en los centros de datos en los clústers que están en China, en Estados Unidos, España, Alemania, y se usa para Inteligencia Artificial. Los centros de datos son megacomputadoras gigantes que requieren refrigeración para poder sostenerse y esa refrigeración necesita agua y toda una cadena de materiales como silicio, tierras raras y litio”.
Florencia investiga estos temas desde hace más de diez años. Comenzó con tierras raras en China, siguió con la minería en el fondo del mar, el litio en la Puna y el fracking en hidrocarburos en Vaca Muerta. “Hay toda una cadena material que sostiene la tecnología contemporánea”.

El quiebre

El yacimiento petrolífero Vaca Muerta, Neuquén, fue objeto de una investigación previa de Florencia. De allí se extrajeron durante febrero de 2026 más de 600.000 barriles diarios de petróleo. “Es un lugar perturbador, un territorio totalmente fracturado, causado por la sismicidad producida por el fracking. Vi casas quebradas, personas con ataques de pánico cuando comienza el sismo, con temor a que sus casas se derrumben. Ahora las empresas hacen construcciones antisísmicas, casitas de madera construidas sobre unas plataformas”. Hay situaciones insólitas: “Una señora vive en una chacra al lado de Pampa Energía, le pasan los cables al lado y ella no tiene luz. En la Puna hay una estructura gigante de paneles solares y el pueblo que está apenas a 1 km está sin luz”.
En un mundo complejo, que oculta información estratégica de importancia vital, Florencia recurre a las herramientas que le proporciona el arte y le permiten captar la atención desde el universo de lo sensitivo. “Esta información parece no llegar por el lado de los medios de comunicación. Me parece que el arte puede entrar de una forma muy particular que es esta relación con lo sensible y entender un problema desde una sensibilidad específica. Entrar por otra puerta”.
El padre de Florencia –fallecido en 2024– era médico oncólogo y trabajó en el Hospital Rivadavia durante muchos años. En un momento empezó a recibir a gran cantidad de pacientes de Urdinarrain, en el departamento de Gualeguaychú, Entre Ríos, y le interesaba investigar el motivo. Por eso le dijo a Florencia: “¿Vamos?”. Ella no dudó: tomó la cámara de fotos y lo acompañó.
Hablaron con los habitantes de ese pueblo rural y escucharon sobre los campos de soja que eran bañados en glifosato, la escuela a 300 metros, muchos casos de cáncer, niños que nacían con malformaciones. “Eso fue entre 2009 y 2014. A partir de ahí me empecé a interesar por temas relacionados a la contaminación en la alimentación”.
Su afán de saber qué factores operan en la despiadada destrucción del planeta la llevó a tomarse un avión y viajar a China en 2016. Se dirigió a la ciudad de Baotou en la Región Autónoma de Mongolia Interior al Norte de China para visitar el dique circular de 236 millones de metros cúbicos que funciona como el basurero tecnológico del mundo. Mientras filmaba fue detenida por la Seguridad Nacional china. Pensaron que era una espía. La interrogaron durante siete horas y borraron todo lo filmado y fotografiado. Por cuestiones del azar una sola foto permaneció inalterable. Un paisaje que parece salido de una película apocalíptica muestra una especie de barro en la superficie y más allá se insinúan los contornos de una fábrica tras un velo de niebla espesa. “Fue una experiencia horrible y ahí pude entender esas políticas de ocultamiento de los problemas ambientales. Ese lugar está en el medio de la nada, en China, casi nadie sabe que existe. Me interesa mostrar realidades que no las tenemos tan a mano. Estos problemas son los de este tiempo y el arte tiene que hablar de eso”.